Es una de las consultas que más desconciertan al paciente, y con razón: si la endodoncia consiste en retirar el nervio, no parece lógico que después duela. La clave está en que el dolor ya no viene de dentro del diente, sino de los tejidos que lo rodean.
En los días inmediatamente posteriores al tratamiento, cierta molestia al morder es normal: el ligamento periodontal se ha inflamado por la instrumentación. Suele ceder en pocos días con la analgesia pautada.
Cuando el dolor aparece semanas o años después, hay un puñado de causas concretas, y distinguirlas determina si hace falta un retratamiento, una cirugía apical o simplemente un ajuste de la mordida.
Las causas más frecuentes
Algunos molares tienen conductos accesorios difíciles de localizar sin magnificación.
Bacterias que sobreviven en la anatomía interna y mantienen la lesión periapical.
La restauración queda alta y el diente recibe más carga de la que le toca.
Un diente endodonciado es más frágil; una fisura provoca dolor al morder.
Si el sellado de la restauración falla, las bacterias vuelven a colonizar el conducto.
A veces el origen está en otro diente, en la ATM o en la musculatura masticatoria.
Que un diente endodonciado duela no significa que la endodoncia estuviera mal hecha. Significa que hay que averiguar de dónde viene.