El reflejo nauseoso es un mecanismo de protección normal: impide que entre en la vía respiratoria algo que no debe. El problema aparece cuando el umbral es tan bajo que se dispara con estímulos mínimos, como un espejo en el paladar o una cubeta de impresión.
Tiene dos componentes. Uno somático, por contacto físico en las zonas gatillo —paladar blando, base de la lengua, faringe—; y otro psicógeno, que se dispara solo con anticipar la situación, a veces incluso antes de abrir la boca.
Distinguirlos importa, porque el abordaje cambia. El componente físico se maneja con técnica y con tecnología; el psicógeno, con control de la ansiedad y, cuando hace falta, con sedación.
Qué cambia la experiencia
Elimina las cubetas de impresión, que son el principal desencadenante. Cambio radical.
Trabajar con el respaldo menos reclinado reduce mucho la sensación.
Concentrarse en respirar por la nariz de forma lenta eleva el umbral.
Fraccionar el tratamiento evita llegar al punto en que el reflejo se dispara.
Reduce la sensibilidad del paladar blando durante el procedimiento.
En casos intensos, permite trabajar con normalidad y sin recuerdo desagradable.
La toma de impresiones con pasta era el peor momento para mucha gente. Con escáner intraoral, ese momento ha dejado de existir.