La higiene interdental no es un complemento opcional: la mayoría de las caries interproximales y prácticamente toda la enfermedad periodontal empiezan en el espacio entre dientes, que el cepillo convencional no alcanza.
Ahora bien, un cepillo interdental solo funciona si su calibre es el adecuado. Demasiado fino, pasa sin rozar y no arrastra nada. Demasiado grueso, no entra o lastima la encía y la papila.
Y aquí está el matiz que casi nadie conoce: en una misma boca no hay un solo calibre. Los espacios entre incisivos y entre molares son distintos, así que lo habitual es necesitar dos o tres medidas diferentes.
Cómo se elige
Debe entrar con una ligera resistencia, sin forzar y sin dolor.
Lo normal es usar dos o tres medidas según la zona de la boca.
Con sondas calibradas se determina exactamente qué medida va en cada espacio.
Y con cabezal angulado o mango largo para llegar a los molares.
Cuando el alambre se dobla o las cerdas se abren, deja de limpiar.
Preferiblemente por la noche, antes del cepillado.
Un interdental demasiado fino da una falsa sensación de haber limpiado. Entra, sale y no arrastra nada.