El esmalte es prácticamente translúcido y casi incoloro. El color que percibes al mirar un diente viene sobre todo de la dentina que hay debajo, que es naturalmente amarillenta y se transparenta a través del esmalte.
Con los años ocurren dos cosas simultáneas y ambas empujan hacia el amarillo: el esmalte se adelgaza por el desgaste y la erosión, con lo que transparenta más; y la dentina se vuelve más gruesa y más oscura, porque se deposita dentina secundaria durante toda la vida.
A eso se suman las manchas externas: café, té, vino tinto, tabaco y ciertas especias van depositando pigmentos sobre la superficie y en las microfisuras del esmalte. Estas sí son superficiales y responden muy bien tanto a la higiene profesional como al blanqueamiento.
Las causas, ordenadas
Esmalte más fino y dentina más gruesa y oscura. Es la causa universal.
Café, té, vino tinto, refrescos de cola, curry, salsa de soja.
Deposita una tinción marrón especialmente tenaz y difícil de retirar.
Refrescos, cítricos o reflujo adelgazan el esmalte y aumentan la transparencia.
Tinción intrínseca en bandas, integrada en la dentina. No responde al blanqueamiento.
Un diente endodonciado puede oscurecer de forma aislada. Necesita blanqueamiento interno.
Un diente puede estar impecablemente limpio y seguir siendo amarillo. Color e higiene no son lo mismo.