La osteointegración es la unión directa, estructural y funcional entre el hueso vivo y la superficie del implante. No hay tejido intermedio: el hueso crece pegado al titanio.
Al colocar el implante se consigue la llamada estabilidad primaria, que es puramente mecánica: el tornillo está apretado contra el hueso. Con las semanas, esa estabilidad mecánica disminuye mientras el hueso se remodela, y es sustituida progresivamente por la estabilidad biológica.
Hay un momento crítico, entre la segunda y la cuarta semana, en el que ambas estabilidades están en su punto más bajo. Es el periodo en el que una carga excesiva puede comprometer el implante, y la razón de que las pautas se mantengan aunque el paciente no note nada.
Qué influye en el tiempo de espera
El hueso denso de la mandíbula integra antes que el más esponjoso del maxilar.
Con regeneración ósea previa los plazos se alargan de forma notable.
Los tratamientos de superficie actuales aceleran la respuesta ósea.
Se mide en la cirugía y condiciona si se puede cargar antes.
Reduce la vascularización y compromete de forma clara la integración.
Diabetes descompensada, bifosfonatos o radioterapia previa cambian los plazos.
Que un implante no se note no significa que esté integrado. Lo que decide cuándo se carga es la comprobación, no la sensación.