Rechinar los dientes durante el sueño es frecuente en la infancia, con una prevalencia alta en preescolares que va disminuyendo con la edad. En muchos niños desaparece espontáneamente al completarse el recambio dental.
A diferencia del adulto, en el niño el desgaste de los dientes de leche tiene menos trascendencia: esas piezas se van a caer. Lo que sí importa es que el hábito no se prolongue a la dentición definitiva y, sobre todo, qué hay detrás.
La asociación que más conviene descartar es la respiratoria. El bruxismo infantil se relaciona con frecuencia con la respiración oral, la hipertrofia de adenoides y amígdalas y con trastornos respiratorios del sueño. Si además ronca, esa es la pista principal.
Cuándo conviene estudiarlo
Es la señal más relevante. Orienta a estudio de la vía aérea.
Boca abierta al dormir, labios secos, ojeras marcadas.
Dientes visiblemente aplanados para la edad del niño.
Molestia mandibular o dolor de cabeza matutino.
Ahí el desgaste ya sí tiene consecuencias a largo plazo.
Despertares frecuentes, posturas raras al dormir, cansancio diurno.
En un niño que rechina y además ronca, el bruxismo suele ser el síntoma y no el problema.