La recesión gingival es el desplazamiento del margen de la encía hacia la raíz. El resultado es una superficie radicular expuesta, que no está preparada para vivir al aire: es más blanda que el esmalte, se caria más fácilmente y transmite el frío directamente al nervio.
Su origen casi nunca es único. Lo habitual es que se sumen dos o tres factores: una encía de por sí fina, un cepillado demasiado enérgico y quizá un diente que salió ligeramente fuera del hueso.
Identificar cuáles son los tuyos importa mucho, porque de ellos depende que el tratamiento tenga sentido. Injertar tejido en una zona donde se seguirá cepillando con la misma fuerza garantiza que la recesión vuelva.
Los factores que la provocan
Cerdas duras, presión excesiva y movimiento horizontal. La causa más común en bocas sanas.
La pérdida de hueso arrastra consigo el margen de la encía.
Hay encías genéticamente delgadas, mucho más vulnerables al mínimo trauma.
Piezas muy vestibularizadas tienen poca o ninguna tabla ósea que las sostenga.
La sobrecarga mantenida contribuye a la pérdida de inserción en el cuello del diente.
Los piercings labiales y linguales rozan de forma continua sobre un punto concreto.
El cepillo que más limpia no es el más duro. En encías, la fuerza no suma: resta.