Una encía sangra porque está inflamada, y está inflamada porque hay placa bacteriana acumulada en su margen. El sangrado no es la enfermedad: es el síntoma de que las bacterias llevan ahí el tiempo suficiente para irritar el tejido.
De ahí se deduce todo lo demás. Si se deja de limpiar la zona para evitar el sangrado, la placa se acumula todavía más, la inflamación aumenta y a la semana siguiente sangra más. Es un círculo del que solo se sale limpiando mejor, no menos.
Al principio, en efecto, sangrará más. Un tejido inflamado que llevaba tiempo sin que nadie lo tocase reacciona así. Pero en una o dos semanas de higiene correcta el sangrado desaparece por completo, y eso es lo que sorprende a la mayoría de los pacientes.
Qué hacer, en orden de importancia
Es el punto clave. Evitar donde sangra es lo que mantiene el problema activo.
Limpia igual de bien y no traumatiza el tejido ya inflamado.
Ángulo de 45 grados hacia la encía, con movimiento vibratorio corto.
Entre los dientes empieza casi toda la enfermedad periodontal, y ahí no llega el cepillo.
La placa se reorganiza en unas doce horas. La constancia importa más que la duración.
Si hay sarro, ninguna técnica doméstica lo retira. Ese es el punto donde hace falta consulta.
Si al empezar a usar el interdental sangras más, no lo dejes: es la señal de que estás llegando justo donde hacía falta.