El implante inmediato se coloca en el mismo acto de la extracción, aprovechando el alvéolo. Ahorra una cirugía y varios meses, y ayuda a preservar la arquitectura de los tejidos, pero exige condiciones concretas.
El implante precoz se coloca entre cuatro y ocho semanas después, cuando la encía ya ha cerrado pero el hueso todavía está en fase de remodelación. Es un buen compromiso cuando había infección leve o el tejido blando era insuficiente.
El implante diferido espera de tres a seis meses, hasta que el alvéolo ha cicatrizado por completo. Es el protocolo más predecible y el indicado cuando hubo infección importante, se perdió la tabla ósea o hace falta regenerar.
Qué condiciona la decisión
Un absceso activo o una lesión periapical extensa desaconsejan el inmediato.
Si la tabla vestibular está intacta, el inmediato es mucho más previsible.
Hace falta hueso apical suficiente para anclar el implante.
En encías finas del sector anterior, el riesgo de recesión aumenta.
Fractura radicular, periodontitis avanzada o caries cambian el escenario.
La exigencia estética del sector anterior sube el listón.
Colocar un implante inmediato en un alvéolo infectado ahorra una cita y cuesta un implante.