La musculatura masticatoria —masetero, temporal, pterigoideos— es de las más potentes del cuerpo en relación a su tamaño, y es especialmente sensible al estado emocional. Ante tensión sostenida, aumenta su tono basal sin que uno lo perciba.
De día ese aumento de tono se traduce en apretar los dientes en momentos de concentración o preocupación, algo que muchas personas descubren solo cuando alguien se lo señala. De noche, en fases concretas del sueño, aparece la actividad rítmica del bruxismo.
Las fuerzas implicadas son muy superiores a las de la masticación normal y se mantienen durante horas. El resultado es previsible: músculo sobrecargado, dolor al despertar, cefalea en las sienes y una articulación que acumula tensión noche tras noche.
Cómo se manifiesta
El signo más característico: la molestia es máxima por la mañana.
Cefalea tensional matutina por sobrecarga del músculo temporal.
Fatiga muscular que aparece a mitad de la comida.
La sobrecarga acaba afectando también a la articulación.
Bordes planos y sensibilidad en el cuello del diente.
Improntas de los dientes por presión mantenida durante la noche.
Puedes controlar conscientemente lo que haces con la mandíbula de día. De noche, no: ahí hace falta protección.