Un empaste se coloca y se modela directamente en la boca, capa a capa. Una incrustación se fabrica fuera, en laboratorio o por fresado digital, a partir de un escaneado, y se cementa después en una segunda visita.
Esa diferencia de proceso importa cuando la cavidad es grande. El composite se contrae ligeramente al polimerizar, y esa contracción genera tensión en las paredes del diente. En una cavidad pequeña es irrelevante; en una muy amplia puede contribuir a fisuras y a sensibilidad postoperatoria.
La incrustación se fabrica ya polimerizada o sinterizada, así que solo hay contracción en la fina capa de cemento. Además reproduce mejor la anatomía y los puntos de contacto en reconstrucciones amplias.
Cuándo compensa cada uno
Empaste de composite: una sesión, menor coste, resultado excelente.
Incrustación tipo inlay: mejor ajuste y anatomía.
Incrustación tipo onlay, que recubre y protege esa cúspide.
Incrustación u corona: el diente necesita protección frente a la fractura.
La cerámica resiste mejor el desgaste, pero exige férula igualmente.
Un composite bien hecho es una solución válida y honesta.
Cuando el empaste es más grande que el diente que queda, ha dejado de ser un empaste.