Un flemón o absceso dental es una acumulación de pus provocada por una infección bacteriana. Su origen más habitual es una caries que ha llegado a la pulpa y de ahí ha progresado hasta el hueso que rodea la punta de la raíz.
Otra vía frecuente es la periodontal: una bolsa profunda que se infecta agudamente y genera un absceso en la encía. Y una tercera es la pericoronaritis, la infección de la encía que cubre parcialmente un cordal.
En todos los casos, la infección no se resuelve mientras exista la fuente: el conducto radicular infectado, la bolsa periodontal o el cordal retenido. El antibiótico controla el episodio agudo pero no elimina el foco.
Qué hacer y qué no
La solución pasa por drenar y tratar la causa, no solo por medicación.
El calor local favorece la difusión de la infección. Mejor frío por fuera.
Manipular el absceso puede extender la infección a espacios profundos.
Los antibióticos sobrantes de otra ocasión suelen ser dosis o principio inadecuados.
Puedes tomar tu analgésico habitual mientras llegas a la consulta.
Si se te pauta, hasta el final, aunque el dolor desaparezca al segundo día.
Que el flemón se desinfle no significa que se haya curado. Significa que ha dejado de doler.