Una microcarilla es una lámina de cerámica de espesor mínimo —a menudo por debajo de los cuatro décimas de milímetro— que se adhiere directamente sobre el esmalte sin necesidad de tallar el diente, o con un desgaste apenas perceptible.
Su gran ventaja es la reversibilidad. Como el diente conserva íntegro su esmalte, si en el futuro decides retirarlas, la pieza sigue estando ahí. Y la adhesión sobre esmalte intacto es más fuerte y más duradera que sobre dentina expuesta.
Su límite es igual de claro: al ser tan finas, apenas enmascaran el color de fondo. Funcionan cuando hay que añadir volumen o corregir forma sobre un diente de color aceptable, y no cuando el problema principal es una tinción marcada.
Sin tallado significa que el diente sigue intacto debajo. Es la única estética verdaderamente reversible.