La nicotina produce vasoconstricción, lo que reduce el aporte sanguíneo a los tejidos justo cuando más lo necesitan: durante la cicatrización. El monóxido de carbono, por su parte, desplaza al oxígeno en la hemoglobina y disminuye la oxigenación tisular.
A eso se suma una alteración de la función de los neutrófilos y de los fibroblastos, células clave en la reparación. El resultado es una cicatrización más lenta, más frágil y con mayor riesgo de infección.
En implantología esto se traduce en cifras concretas: mayor tasa de fracaso precoz, mayor riesgo de periimplantitis a largo plazo y, sobre todo, un impacto muy marcado en los injertos óseos y en la elevación de seno, donde el tabaco es el principal factor de fracaso.
Dónde más se nota
Es la causa número uno de fracaso. El impacto aquí es máximo.
Mayor riesgo de complicación y de pérdida del injerto.
Las suturas se abren con más facilidad y el cierre es más lento.
Riesgo claramente aumentado a medio y largo plazo.
Más implantes que no llegan a integrarse en los primeros meses.
Es la complicación clásica del fumador tras una exodoncia.
Con un implante simple en hueso bueno, el tabaco es un factor más. Con un injerto óseo, es el factor.