La región perioral tiene una piel fina, una musculatura muy activa —los labios se mueven al hablar, comer y gestualizar constantemente— y un soporte óseo y dental que se modifica con los años. Esa combinación la convierte en una de las primeras zonas donde se nota la edad.
Los signos son reconocibles: arrugas verticales sobre el labio superior, el llamado código de barras; comisuras que caen y dan un gesto de tristeza permanente; surcos nasogenianos más marcados; y un labio que parece más fino y que desaparece al hablar.
Lo que casi nunca se explica es que buena parte de ese cambio tiene una causa mecánica: los dientes se han desgastado, se ha perdido altura de mordida y el labio ha dejado de tener sobre qué apoyarse. Rellenar sin corregir eso da un resultado desproporcionado.
Se puede rellenar un labio. Lo que no se puede rellenar es una mordida que ha perdido altura.