El razonamiento de que un diente temporal no merece tratamiento porque se va a caer parece lógico y es el que más problemas genera. Depende de una variable que se suele pasar por alto: cuánto le queda a ese diente en la boca.
Un molar de leche no se cae hasta los diez u once años. Si la caries aparece a los cinco, hablamos de seis años de convivencia con una lesión que va a avanzar, doler y probablemente infectarse.
Y hay un segundo motivo, menos evidente: el diente temporal reserva el espacio para el definitivo que viene debajo. Si se pierde antes de tiempo, los vecinos se desplazan y el permanente no encuentra sitio.
Lo que ocurre si no se trata
La caries avanza más rápido en el diente temporal: su esmalte es más fino.
Con dolor agudo, inflamación facial y a veces necesidad de urgencia.
Una infección sobre el germen del permanente puede alterar su esmalte.
Si el molar se pierde pronto, los vecinos ocupan el hueco y crean apiñamiento.
El niño mastica de un solo lado y evita ciertos alimentos.
Tratar con dolor y de urgencia es la peor forma de empezar.
Un molar de leche no se cae hasta los diez años. Una caries a los cinco son seis años por delante.