La higiene oral empieza antes del primer diente: limpiar las encías del bebé con una gasa húmeda tras las tomas ayuda a establecer la rutina y retira restos de leche.
En cuanto erupciona el primer diente, hacia los seis meses, se pasa a un cepillo de cabezal muy pequeño y cerdas suaves, dos veces al día. La cantidad de pasta es aquí lo determinante y donde más errores se cometen.
La clave del cepillado infantil es que lo hace un adulto. Un niño no adquiere la destreza manual necesaria para cepillarse eficazmente hasta los siete u ocho años. Antes de esa edad, si se cepilla solo, lo que hace es jugar con el cepillo.
Pautas por edad
Limpieza de encías con gasa húmeda tras las tomas.
Cepillo pequeño y pasta con flúor en cantidad de un grano de arroz.
Cantidad del tamaño de un guisante. El adulto cepilla o repasa siempre.
El niño empieza a cepillarse solo, pero el adulto repasa a diario.
Autonomía con supervisión periódica, sobre todo por la noche.
Tras cepillar, escupir el exceso sin aclarar con agua: el flúor sigue actuando.
Un grano de arroz hasta los tres años y un guisante a partir de ahí. Esa medida evita la fluorosis y mantiene el efecto protector.