Las carillas de porcelana o disilicato tienen una supervivencia alta a largo plazo, con cifras habituales por encima del 90 % a los diez años. El composite es más modesto: mantiene el resultado varios años, pero necesita repulido periódico y suele renovarse antes.
Ahora bien, la diferencia entre unas carillas que duran quince años y otras que fallan a los tres rara vez está en el material. Está en tres factores: el bruxismo, el margen y la higiene.
De ellos, el bruxismo es con diferencia el más determinante. La cerámica es muy resistente a la compresión pero frágil ante fuerzas de cizalla, que es exactamente lo que genera apretar y rechinar.
Lo que hace fallar una carilla
La causa número uno de fractura. Exige férula de descarga desde el primer día.
Si el borde filtra, aparece caries por debajo y se pierde la adhesión.
La inflamación de la encía en el margen compromete el sellado y la estética.
Hielo, huesos de aceituna, abrir envases con los dientes: fractura asegurada.
Si se talló demasiado y la carilla no apoya en esmalte, la adhesión es peor.
Con los años puede dejar visible el margen, aunque la carilla siga íntegra.
La cerámica aguanta muy bien que la aprietes. Lo que no aguanta es que la arrastres lateralmente cada noche.