La sedación consciente tiene un perfil de seguridad muy alto, pero eso no es una propiedad del fármaco: es consecuencia de tres cosas concretas, y la primera ocurre antes de la cita.
La valoración previa revisa historia cardiorrespiratoria, medicación habitual —especialmente ansiolíticos, opioides y antidepresivos—, alergias, embarazo y apnea del sueño. Es lo que decide si eres candidato y con qué nivel de profundidad se puede trabajar.
Durante el procedimiento se monitorizan de forma continua la saturación de oxígeno, la frecuencia cardiaca y la tensión arterial, y se mantiene contacto verbal con el paciente. Después hay un periodo de recuperación supervisada antes del alta.
La seguridad de una sedación se decide en la valoración previa, no durante el procedimiento.