Un plan de tratamiento amplio repartido en visitas semanales puede suponer dos o tres meses de idas y venidas. Para muchas personas eso es simplemente incompatible con su trabajo, con su lugar de residencia o con su tolerancia a la consulta.
La sedación consciente permite otra vía: concentrar en una sola sesión lo que de otro modo serían seis u ocho citas. El paciente mantiene la respiración espontánea y la colaboración, pero la ansiedad desaparece y la percepción del tiempo se acorta mucho.
No sirve para todo ni para todos. Hay límites clínicos —la anestesia local tiene una duración máxima, y trabajar sobre tejidos ya inflamados por la propia intervención tiene un techo— y límites de cada paciente. Se decide caso por caso.
No se trata de hacerlo todo de golpe porque sí: se trata de que quien no puede venir ocho veces también pueda tratarse.