El desgaste dental no tiene una sola causa, y confundirlas lleva a tratar lo que no es. La atrición es el desgaste diente contra diente, típico del bruxismo, y produce facetas planas y brillantes que encajan entre sí.
La erosión es química: ácidos de la dieta —refrescos, cítricos, vinagre— o del propio organismo, como en el reflujo o los vómitos de repetición. Deja superficies redondeadas, con aspecto pulido y a veces con las obturaciones sobresaliendo.
La abrasión es mecánica y externa: cepillado agresivo con pasta abrasiva, que desgasta sobre todo el cuello del diente, o hábitos como morder objetos. En la práctica, la mayoría de los casos combina dos de los tres mecanismos.
El esmalte perdido no vuelve. Reconstruirlo es posible; recuperarlo, no.