El dolor dental intenso suele tener uno de tres orígenes. La pulpitis irreversible, cuando la inflamación de la pulpa dentro de un espacio rígido genera una presión que no tiene salida: es el dolor que aparece de forma espontánea y empeora al tumbarse.
El absceso periapical, cuando la infección ha salido por la punta de la raíz al hueso: duele al morder, el diente se nota «más alto» y a menudo hay inflamación visible. Y la pericoronaritis de un cordal, con dolor, inflamación de la encía y a veces dificultad para abrir.
En los tres casos, el objetivo de la visita de urgencia es el mismo: aliviar el dolor eliminando su causa, no solo medicarlo. Un antibiótico controla el episodio, pero mientras el conducto infectado siga ahí, el problema reaparece al terminar el tratamiento.
El antibiótico apaga el incendio. Si no se retira la causa, vuelve a arder en cuanto se termina la caja.