La endodoncia consiste en retirar el tejido pulpar infectado o dañado del interior del diente, limpiar y conformar los conductos, y sellarlos herméticamente. Es el tratamiento que permite conservar un diente que de otro modo habría que extraer.
El primer factor del precio es el número de conductos. Un incisivo suele tener uno; un premolar, uno o dos; un molar, tres o cuatro, y a veces alguno más que hay que localizar. No es lo mismo instrumentar un conducto que cuatro con anatomías curvas.
El segundo es si se trata de un tratamiento inicial o de un retratamiento. Retratar exige desobturar el material anterior, localizar lo que quedó sin tratar y resolver la causa de que la primera endodoncia no funcionara: es notablemente más laborioso.
Y el tercero, que se olvida muy a menudo al comparar presupuestos, es la reconstrucción posterior. Un diente endodonciado queda debilitado y necesita restaurarse adecuadamente —con o sin corona— para no fracturarse. Ese coste forma parte del tratamiento, aunque se facture como concepto propio.
Una endodoncia impecable en un diente que después se fractura por no reconstruirlo es dinero perdido.