El TAC dental de haz cónico no es un TAC médico. Emplea un haz en forma de cono que abarca solo el volumen maxilofacial necesario, en lugar de la adquisición helicoidal de un escáner hospitalario, y su dosis es de un orden de magnitud inferior.
La comparación útil es con lo cotidiano. Todos recibimos radiación de fondo natural de forma continua: del suelo, de los materiales de construcción y de los rayos cósmicos. Un TAC dental de campo pequeño equivale a unos días de esa exposición natural.
Aun así, el criterio que aplicamos no es que sea poco: es que solo se pide cuando la información que aporta va a cambiar la decisión clínica. Es el principio ALARA —tan bajo como sea razonablemente posible—, y su primera aplicación es no hacer la prueba que no aporta nada.
La primera forma de bajar la dosis no es tecnológica: es no hacer la radiografía que no va a cambiar nada.