Una endodoncia fracasa cuando persisten bacterias dentro del sistema de conductos o cuando vuelven a entrar. Las causas concretas son un puñado y bastante identificables: un conducto que no se localizó, una obturación que no llegó a la longitud correcta, o un sellado coronal que ha filtrado.
Ese último punto es el más subestimado. Buena parte de los fracasos no vienen de la endodoncia en sí, sino de lo que se puso encima: si la restauración filtra, las bacterias de la saliva recolonizan el conducto por vía coronal y la lesión reaparece años después.
El retratamiento consiste en desobturar el material antiguo, localizar lo que quedó sin tratar, desinfectar de nuevo el sistema completo y volver a sellar. Es más laborioso que un tratamiento inicial, y su pronóstico es bueno cuando la causa es identificable.
Antes de retratar hay que responder a una pregunta: ¿por qué falló? Si no se identifica la causa, es probable que vuelva a fallar.