Cuando una clínica no dispone de radiología propia, el recorrido es conocido: primera visita de exploración, volante para un centro de imagen, cita en ese centro con la disponibilidad que haya, espera al informe y segunda visita para conocer el diagnóstico. Entre tres y cuatro semanas hasta saber qué te pasa.
Ese circuito no solo cuesta tiempo. Cada paso añade un desplazamiento, una gestión y una posibilidad de que algo se pierda por el camino: una cita que no encaja, un informe que tarda, un archivo que llega incompleto.
Con TAC 3D y escáner intraoral en la propia consulta, ese recorrido desaparece. La exploración, las pruebas, la interpretación y el plan de tratamiento ocurren en la misma sesión y con la misma persona.
Tres semanas para saber qué tienes son tres semanas en las que el problema sigue avanzando.