El flúor actúa de tres formas sobre el esmalte. Se incorpora a su estructura formando fluorapatita, que es más resistente al ataque ácido que la hidroxiapatita original; favorece la remineralización de las lesiones incipientes que aún no son cavidad; e interfiere con el metabolismo de las bacterias de la placa.
La aplicación profesional es distinta de la pasta de casa. El barniz de flúor tiene una concentración muy superior y queda adherido al diente durante horas, liberando flúor de forma sostenida. La pasta aporta una dosis baja diaria; el barniz, una dosis alta puntual.
La frecuencia no es la misma para todos: sale de la valoración del riesgo de caries de cada niño. Dos aplicaciones al año en un niño de riesgo bajo, y hasta cuatro en uno con historia previa de caries o con hábitos de riesgo.
La pasta de casa aporta una dosis baja todos los días. El barniz, una dosis alta unas pocas veces al año. Se complementan, no se sustituyen.