La caries se produce cuando las bacterias de la placa metabolizan azúcares y generan ácidos que desmineralizan el esmalte. El pH de la boca cae durante veinte o treinta minutos con cada ingesta, y solo después la saliva lo neutraliza.
De ahí la clave que casi nadie conoce: la frecuencia pesa más que la cantidad. Cinco tomas pequeñas de dulce repartidas por la tarde generan cinco caídas de pH; la misma cantidad tomada de una vez, una sola. El daño no es comparable.
La prevención eficaz combina tres cosas: reducir esa frecuencia, reforzar el esmalte con flúor en la dosis adecuada a la edad, y proteger físicamente los surcos de los molares definitivos, que es donde el cepillo no entra.
Cinco caramelos de una vez hacen menos daño que cinco caramelos repartidos por la tarde. Es el dato que más cambia los hábitos de una familia.