La recomendación de las sociedades de odontopediatría es clara: primera visita en torno al año de vida, o poco después de que erupcione el primer diente. No para explorar exhaustivamente, sino para valorar el riesgo de caries, revisar hábitos y enseñar a los padres cómo higienizar la boca del bebé.
A partir de ahí, la periodicidad depende del riesgo individual. Un niño sin caries, con buena higiene y una dieta razonable puede revisarse una vez al año. Uno con historia de caries o con hábitos de riesgo, cada cuatro o seis meses.
Hay una cita que conviene no saltarse: la de los seis o siete años. Es cuando erupcionan los primeros molares definitivos y cuando toca la primera valoración de ortodoncia, que es la que detecta lo que después ya no tiene solución sencilla.
La primera cita bien llevada vale más que cualquier tratamiento posterior: decide cómo será su relación con el dentista durante veinte años.