La creencia más extendida sobre el mal aliento es también la más equivocada: que viene del estómago. En realidad, alrededor del 85 % de los casos de halitosis crónica tienen un origen estrictamente oral.
El mecanismo es siempre parecido. Determinadas bacterias anaerobias degradan proteínas y liberan compuestos sulfurados volátiles, que son los responsables del olor. Esas bacterias proliferan donde hay poco oxígeno y materia orgánica: bolsas periodontales, dorso de la lengua, caries profundas y prótesis mal higienizadas.
De ahí que el enfoque correcto no sea enmascarar sino localizar. Un colutorio da unas horas de tregua; encontrar la bolsa de siete milímetros que está produciendo el olor y tratarla lo resuelve de raíz.
Cuando la exploración oral es normal y el problema persiste, buscamos las causas extraorales: sinusitis crónica, amigdalitis caseosa, reflujo, sequedad bucal por medicación o ciertos trastornos metabólicos. En esos casos coordinamos la derivación al especialista adecuado.
Un colutorio tapa el olor unas horas. Encontrar la bolsa periodontal que lo produce lo resuelve.