El estudio periodontal es la exploración que mide, diente a diente, cuánto soporte queda. Se recorre con una sonda milimetrada el surco de cada pieza en seis puntos —tres por vestibular y tres por lingual—, y se anota la profundidad de cada uno.
Ese registro se llama periodontograma y es el equivalente a una analítica: convierte una impresión visual en datos comparables. Un surco de tres milímetros es normal; uno de seis es una bolsa con pérdida de inserción.
Se completa con radiografías para ver el nivel óseo, con el registro de qué puntos sangran al sondar —el indicador más fiable de inflamación activa— y con la valoración de movilidad, recesiones y factores de riesgo como el tabaco o la diabetes.
El periodontograma convierte «tienes las encías un poco inflamadas» en una cifra que se puede comparar dentro de seis meses.