El razonamiento de que un diente temporal no merece tratamiento porque se va a caer depende de una variable que se suele pasar por alto: cuánto le queda a ese diente en la boca. En un incisivo que caerá en un año puede ser discutible; en un molar que caerá a los once, no.
La caries avanza más rápido en el diente de leche porque su esmalte y su dentina son más finos. Lo que en un adulto tarda años, en un niño puede llegar a la pulpa en meses, con dolor, infección y a veces flemón.
Y hay un segundo motivo menos evidente: el diente temporal reserva el espacio del definitivo que viene debajo. Perderlo antes de tiempo hace que los vecinos se desplacen y el permanente no encuentre sitio, lo que se traduce en ortodoncia años después.
Tratar la caries sin corregir el hábito que la produjo garantiza que habrá una siguiente.