Hablamos de maloclusión cuando la forma en que encajan las arcadas no permite un reparto equilibrado de las fuerzas de la masticación. Puede ser un problema de posición de los dientes, de relación entre los maxilares, o de ambas cosas.
Las más frecuentes son la clase II, con la mandíbula retrasada respecto al maxilar; la clase III, con la mandíbula adelantada; la mordida abierta, en la que los dientes anteriores no llegan a contactar; y la mordida cruzada, con los dientes superiores mordiendo por dentro de los inferiores.
La pregunta que casi todo el mundo trae es si hará falta cirugía. La respuesta depende de dónde esté el problema: si es dentario, la ortodoncia lo resuelve; si el desajuste es esquelético y severo en un adulto que ya no crece, la cirugía ortognática puede ser la única vía para corregirlo por completo.
Entre ambos extremos hay un terreno amplio de casos límite donde se puede plantear una compensación ortodóncica: no se mueve el hueso, se colocan los dientes para conseguir una función correcta y una estética muy aceptable. Te explicamos con claridad qué se puede conseguir por cada vía y qué no.
La pregunta no es si tu mordida se puede mejorar, sino hasta dónde queremos llegar y a qué coste biológico.