La ortodoncia infantil no es una versión reducida de la de adultos. Es otra cosa: mientras los huesos están en crecimiento se puede modificar cómo se desarrollan los maxilares, algo que en un adulto ya no es posible sin cirugía.
A eso se le llama ortodoncia interceptiva. Se realiza normalmente entre los 6 y los 10 años, cuando conviven dientes de leche y definitivos, y su objetivo no es alinear dientes, sino crear el espacio y la relación entre maxilares correctos para que los dientes definitivos salgan donde deben.
Las asociaciones de ortodoncia recomiendan una primera revisión hacia los 6 o 7 años. En muchos niños la conclusión será simplemente «hay que esperar y controlar». En otros, detectar a tiempo una mordida cruzada o un maxilar estrecho ahorra años de tratamiento después.
Cuando la dentición ya es definitiva, hacia los 11 o 12 años, se plantea la segunda fase si hace falta: brackets o alineadores para el alineamiento final. Muchos niños tratados en fase interceptiva llegan a esa etapa con un problema mucho más simple, o sin problema alguno.
A los ocho años se puede ensanchar un paladar con un aparato. A los dieciocho, el mismo problema puede necesitar extracciones o cirugía.