La ortodoncia invisible sustituye los brackets por una serie de férulas transparentes hechas a medida. Cada una mueve los dientes una fracción de milímetro, y al cambiarlas cada una o dos semanas se recorre el camino completo hasta la posición planificada.
La clave no está en el plástico, está en la planificación. Antes de fabricar el primer alineador diseñamos el movimiento diente a diente en un modelo digital: qué se mueve, en qué orden, cuánto y con qué anclaje. De esa planificación depende que el tratamiento funcione o que se quede a medias.
Podrás ver una simulación del resultado antes de empezar. No es un montaje comercial: es el objetivo terapéutico que vamos a perseguir, y sirve para que decidas con información en la mano si el cambio compensa.
Son removibles, y eso tiene dos caras. Te los quitas para comer y para lavarte los dientes, lo que hace la higiene mucho más fácil que con brackets. Pero exigen llevarlos 22 horas al día: si no se cumple, el tratamiento se alarga o no llega al resultado previsto.
El alineador no mueve los dientes por sí solo: los mueve la planificación que hay detrás y las horas que lo lleves puesto.